lunes, 7 de junio de 2021

El foro

Las paredes de mi infancia siempre huelen a llanto. Y a gritos. 

De los berridos, el llanto y por eso ya no lloro, y odio a todo aquel que bala. 

Pero en mi infancia los muros rezuman oscuro, 

y la mitad de mis brazos se amarraban a su Amazona, 

daban leche a la tres pelos, corrían de los gritos. 


El asco tapona las tormentas. 

Al principio reconforta porque nunca mojas al resto, 

todos te traen sus rosas porque contigo florecen 

y gustas a casa sin saber por qué y supongo que era bonito, 

que es precioso. 


A veces se me escapaban gotas fuera. 

Todos se asustan y me creen imposible 

pero cómo voy a hablarles yo de mis paredes, 

de mi Rea, de la patita sin dientes, de mi peor reflejo. 

Aburridos de mis libros, de la bolsa de mis sueños, 

de la idolatría que desprendo hacia los genios muertos. 

Cómo iba a ser. 

Cansada de la multiplicidad de lenguas en la cuna, 

de que ninguna fuese paraguas.

Nunca era. 


Por eso pasé las últimas tardes de mis trescientos sola, 

cascando girasoles,

haciendo del azul papeles que ni siquiera has leído.   

Me calmé porque dejé de culparme y empecé a odiar el sitio. 

Claro que hay rincones allí que me saben a nata 

pero nunca me saben a mí. 


Necesitaba correr a lo que ahora es mi refugio, 

y reconozco que con las prisas y los latidos desgastados 

me colgué erróneamente de cualquier ojo que pasase.

Luego llegaron mis corderitas a traerme paz y vino, 

que me dejan peinarles los problemas y a mí me basta. 

Después me enredo en las sábanas de cualquier sábado 

y me preguntan que por qué les bostezo a las horas,

y se me asustan. Yo también miedo. 


Porque dejé morir a las orejas 

a las que podría haberme apetecido 

hablar de mis pasillos 

y a veces me sangra la frente 

por forzarme a cantar una de mis muros. 

No atiendo a las recetas que me dedican

solo me río y me fluyo porque cómo iba a ser.  

Que regalo siempre rosas esperando a alguien a quien le sepan a petricor. 

Nunca es. 

El ritmo me sonaba a armonía 

pero solo me estaba distrayendo 

y otra vez monstruo, 

y otra vez trueno;

porque dejé de culpar a los sitios 

para volver a castigarme a mí. 





domingo, 23 de mayo de 2021

Los domingos

A mí la vida me sabe al sudor que vomitan las pesadillas. 

Los lunes, la vida me sabe a esa fría agua que llueve de las pesadillas; 

que hace repudiar a los huesos, 

pero le das las gracias por haberte despertado. 


Yo siento la vida como la lengua un limón. 
Y extraigo todo su jugo. 

Pero arrugo los momentos 

y cuando aparto los gajos de mis días, 

la vida me sabe tan agria 

que paso los martes sin dar a conocer mi lengua. 


Los miércoles la vida me sabe a vértigo

Todas mis manitas están agitadas 

y quieren que sea parte de su suelo, 

pero a mí me ascienden las arcadas 

y no salto porque me da vértigo la rutina. 

Y a ti te quise porque parecías saber a vértigo. 


Y los jueves te pido perdón porque la vida me sabe a confeti 

y tengo que salir a reír con cualquiera cuya boca 

me sepa a violetas, a pan con mermelada, 

a nata, que es a lo que sabe el amor; 

a oro, que es como gusta el éxito. 

Y claro que regalo besos fácilmente 

pero es porque a ellos no se les arrugan los momentos 

ni sienten este asqueroso jugo mío. 

Y a ti se te arrugaban y tú también lo sentías 

y yo no podía hacerte eso.


Trazo un lazo muy bonito con mi saliva 

y cala en las palpitaciones de cualquiera,  

entonces los viernes la vida me sabe a mar;

yo parte de las olas, juego con la espuma 

y soy guapa. 

Tú me llamas guapa y todos me veis bonita 

porque sigo el ritmo de vuestra espuma 

y me bailan las olas y me tocan las castañuelas. 

Y los sábados la vida me sabe a aplausos 

porque los viernes me tocáis las castañuelas, 

y guapa, yo me inyecto el elixir de las noches 

y esas lunas os entiendo. 

Os entiendo y me queréis porque os escucho. 


Pero con las nubes rosadas llegan los domingos 

que es cuando más me como la vida. 

Porque no me sabe a nada. 

Devoro cada ración que me da 

para ver si alguna no me sabe a vacío. 

Y me lloro en mitad de las palabras que hizo verso algún muerto,

me duele el elixir de anoche, 

le cojo miedo a las mareas, 

no recuerdo el nombre de ti, boca de fresa,

ni de boca de olmo, de gasolina, de almendro 

(pero me acuerdo de la que quise porque 

pretendía ser parte de mi vértigo). 

Y vuelve mi agria lengua seca porque no logran ser parte. 

Y tú por eso siempre vas a sudar los lunes 

porque es cuando tienes pesadillas.

Y yo por eso siempre escribo los domingos 

porque es cuando la vida me sabe a vacío.


Dibujo Sofía Rallo.




domingo, 16 de mayo de 2021

La esposa de Elcaná



Me asusta la gente sin alas.

Por eso huyo de quedarme.


Cuando estoy por el cielo,

la gente a la que he besado

haciéndoles firmar de antemano 

que eran conscientes de que yo solo estaba de paso, 

me saben a pena.

Considero un peligro a la gente sin alas porque me dan pena.


Y tú me llamas flaca. 

Él también me llamaba flaca 

incluso nosotras, mi niña, 

algún día nos hemos sentido flacas. 

Pero solo nos limitábamos a dejar un poco de carne 

en cada pedacito de ser que conocíamos 

a ver si un día quería hacerse unas alas.


Cuando les doy la receta, 

me dicen que les duele el amor, 

que tienen el dinero enfermo, 

que quiénes son los niños sin zapatos por los que lloro, 

que mañana ¡ay, su mañana!


Y menos mal que yo no soy de aquí.


En realidad nunca soy de ningún lado 

porque siempre estoy de vuelo. 


Y por eso no quiero conocer piecitos 

y cuando éstos descubren el tamaño de mis alas, 

salen corriendo. 

Y a mí se me caen las plumas 

cuando vuelvo a cenar abandono.

Entonces recojo una del suelo 

y a ti que te has ido te hago un poema. 

Así me han enseñado a mí las nubes que se cosecha.


Nunca me han cabido en vuestros panes, 

pero yo me quedo a amasaros, 

a lameros los ojitos;

a mí me gusta cuando sois chicharra 

y cantáis porque sois un buen día.

Me hace burbujitas en las sienes 

y en esos momentos, 

hasta me siento parte de algo y se me olvidan mis alas.

Siempre os recibo con la garganta contenta 

y os reís de mi faringe alegre 

y a mí me hace bailar porque 

hasta me siento parte de algo y se me olvidan mis alas.


Pero pronto empiezan a dolerme 

y busco un banco en el que pueda agitarlas sin la abrumada incomprensión. 

Y me decís que miento, que por qué nunca me dejo estar, que ahora sí era pero yo nunca ahora 


yo sola 


y me achucháis las alas y se me escapan y me decíais que erais distintos pero a mí se me achuchan y no encajan. 


Dejad de gritarme cobarde. 

Podría prometeros que siempre lo intento 

pero no me comprenderíais.


Para mí lo más bonito que seré capaz de hacer por alguien es dejar que vuele.

Por eso a mí nunca va a dolerme estar sola. 


“Cuando te veas que ya no puedes más, no te pongas más.Nos queda mucha vida, Laura . ”


domingo, 25 de abril de 2021

Kairos



Llegaste cuando tenía las rodillas cosidas 

y hacía mucho que no me dejaba caer por la montaña. 

Y que evitaba que me tirasen, 

que todavía no te lo he contado 

pero había noches en las que me dormía mojada 

y esa pequeña estúpida berreaba 

y bebía de su sangre porque le habían roto las rodillas. 

Y no sabía tenerme en pie 

y por eso ahora odio sentarme. 

Y por eso ahora cuando me siento, 

la parálisis me hace sudar pasado 

y me tiritan las manos recuerdos 

y aunque me besen calma, yo zarpazos; 

que tengo calor, que yo no puedo tanto, 

que yo ya soy mucho, que yo no puedo con más, 

que si no lo entiendes. 


Y después de decírtelo me trajiste la luna 

y las noches siempre me dan frío 

porque ya te he dicho que me conociste con las rodillas cosidas 

y con las sienes en armonía pero a veces se tornan los papeles, 

y tú me trajiste la luna 

porque te dije que me estaba asando y ahora tengo frío. 

El otro día me desperté con los párpados empapados 

pero no quise llorar contigo. 

Me habrías preguntado por pesadillas y yo silencio. 

Me habrías agitado por una respuesta y yo pausa. 

Me habrías mirado con pánico y yo arte. 

Para ti no es justo. 

Y tu incomprensión te habría hecho devolverme la noche y yo frío. 

Para mí tampoco. 


Que tengo una llaga en el labio que me escupe miedo cuando tengo que volver a luchar conmigo, 

que yo sé que puedo pero a veces vuelve ese viejo que es mi Parca 

a decirme que no estoy nadando porque en realidad llevo toda la vida hundida 

y es verdad que me ahogo. 

Y no hay ni una esquina de esta habitación en la que me quepan las alas 

y por eso a veces pienso que ya no las tengo 

y se me descosen las rodillas y se me revuelven las sienes 

y dejo a los días arrasarme y me gritas que la vida no es eso 

pero yo no sé vivir de otra manera. 

Y mi madre llora porque he vivido poco pero a mí me vale con que viva ella. 

Pero no lo entiende. Porque nunca lo hacen.


Yo por mi parte disfruto del reflujo de mis daños y los hago poesía 

(y vosotros viéndolo como algo bonito). 

Jamás sería capaz de llamaros cínicos. 

Es la forma de sacar provecho de las cenizas. 

Pierdo zapatos a medianoche porque sé que ninguno va a encajar con mis palmas 

y a veces suspiro por lo que dejo ir 

pero me he gritado tantas veces que me quiero 

que en el fondo si cuando vuelven las rodillas descosidas, 

las sienes revueltas, mi viejo Parca, mi madre que llora, 

mi yo silencio y ahora calor y ellos frío, 

¡que yo no quería el frío, solo menos fuego!; 

en el fondo me alegra porque si entonces se van, 

es que no han entendido nada. 

Tampoco lo necesito. 

Y escapadas y otra vez llegan. 


Llegan cuando tengo las rodillas cosidas 

porque siempre aparezco así cuando pruebo un sitio nuevo.



domingo, 18 de abril de 2021

Cleopatra


He llamado libertad a la tiranía que supone 

concederle a mis miedos el timón de mis sentimientos 

y han aprendido a esquivar todo lo que me acelere el alma 

y mi cabeza lo ha creído justo. 

Es lógico teniendo en cuenta  que crecí reemplazando besos por libros 

y cuando ellas príncipes, yo reina del Estado;

y cuando ellas amor al sapo, yo en desamor con el Gobierno; 

y cuando ellas felices y rosas, yo calla cabeza calla que aún no es el mañana en el que consigues arreglar el mundo. 

Ahora me admiran por tener los sesos llenos 

y yo les envidio por no tener las vísceras vacías. 

Y camuflo este hueco soñando con llegar a ser divinidad 

y aportando cada trozo de mi vida a solucionar las vuestras 

(y claro que cansa y desgasta,  ojitos, que ayer me lo preguntabas). 


De ahí el desprecio a tatuarme un te quiero 

y lo oxidadas que encuentro unas palmas 

que prefieran abrazarme a propulsarme a ser más. 

Pero me condenaron a pensar que nunca era suficiente 

y cuando lo recuerdo amanezco monstruo-insecto; 

ya te he dicho que se escucha terror a quien sale de mi cuarto 

y que cómo pretendes entonces que te lea mi poesía triste 

si versa que el llorar aparece cuando no consigo la tiara, 

que tengo que bailar con el alcohol para no desencadenar la lucha de titanes si piso mi infancia, 

que devoré las rocas que perturbaban a quien me hizo luz cuando aún no sabía digerir mis propias piedras, 

que da igual la cuán respuesta que me aporten 

porque antes habré buscado una nueva pregunta 

y que peco por hundir mis sienes entre renglones 

y luego las riego con sueños 

a ver si me florece el futuro;

cómo lo pretendes. 

Que ojalá no lo pretendas. 

Porque contigo nunca sería capaz de perdonarme 

que yo siempre llamo libertad a las huídas.






domingo, 4 de abril de 2021

Sabor a nada

 


Revuelvo el pasado a menudo para provocar el llanto, y por si acaso era.

Exprimo casi sin éxito esas vísceras que decís que existen porque tanto quisisteis, tantos quieren. Y amanezco con las palmas secas porque trato de curar con la poca tinta que me queda esas mentes vuestras roídas por la rutina, la culpa, el desamor porque tanto quiero, tanto me quieren.


Y me creo refugio de vuestros días grises, escucho vuestras tormentas pero nunca me quedo. Aunque lo intente por si acaso era. 

Siempre he sentido que me llamaban desde un sitio que entonces no existía. Me adaptaba entre vuestros agujeros y os he perdonado siempre por querer amoldarme pero nunca a mí por no saber encajar. Y me queríais por eso,  me queréis por eso. Pero no era.


Veis preciosos mis pétalos y me estáis esperando todavía. Queréis desarmarme, que qué hay debajo de estos huesos. 

Os avisé que ni por casualidad yo era. Y ahora que he pagado todas mis deudas, que eran mis dudas, y solo he sentido el apoyo del tiempo, me gritáis que por qué lo hice, que por qué lo hago. Que ayer estaba hecha de otra cosa. Que si yo no era. 


Pero nunca he sido. Y me abrazáis cuando silencio y yo siempre silencio, yo nunca sentido, yo nunca lo escribo, lo vivo, lo siento. 

Por eso necesitaba paz aunque sólo yo lo entiendo. 

Y cuando todos señalan mis ruinas apareces y me dices que ya era reina antes de probar las manzanas.


Y entonces lloro sin revolver el pasado y ha llegado el sitio y no necesito molde.

E igual me quedo por eso te lo escribo. 



https://youtu.be/obO8eNpotuA




lunes, 8 de marzo de 2021

Por las que ya no pueden


 Y es que llevo luchando desde que era la mitad de lo que ahora visto y no me perdono;

el gritar por las golpeadas y no ser capaz de reconocer que yo también tengo golpes.

He inundado las calles por las que no pudieron acabarlas y yo sigo corriendo cuando la noche está sola. 

He levantado los puños por las que creen que ya no hace falta y me paralizo cuando tendría que usarlos.


He besado a las que son pedazos pero yo he roto a muchas. 


He escupido sobre los “no puedes” que os han pronunciado pero no soy capaz de no verme en cada “inútil” con el que he crecido.


He querido a las mal amadas pero no tengo valor para hablar de amor.


He tintado los días señalados pero me siento diminuta en la batalla diaria.


He hecho florecer a las que volvieron marchitas y es que hace unos veranos que no soy más que negro.


He defendido que da igual con quién te bajes la falda pero cuando yo tengo que quitármela me freno por si me llaman loba. 


He recordado a la que me tuvo que brilla incluso sin senos y yo no soy capaz de verme lucir sin ellos. 


Berreo y me odio en medio de esta controversia y llegaste tú para decirme que también importo.

Y entonces cobra sentido.

La lucha es que siempre habrá una dispuesta a gritar por lo que yo no puedo. 

Por las que ya no pueden.

Para que algún día no sean necesarios los gritos porque entonces todas puedan.