Quienes solo pueden pensar cuando están oscuras
probablemente son los mismos que no saben que en los ataúdes,
ya no se puede pensar.
Quienes presumen de volar por tener un alma de murciélago
son los mismos que por mucho que sientan volar,
nunca serán capaces de divisar las estrellas.
Buscar respuestas en los estragos de la almohada
es de los mismos que poseen la cobardía de poder esquivar una pregunta.
Aquellos que la justifican con su iletrada idea de vivir el presente.
Para ello primero tienes que comerte el pasado a bocados
y creo que congelarlo para poder volver
justo en el momento donde se iba a fundir todo,
no conseguirá otra cosa que cuando vuelvas, te engañe.
Podría explicarte lo que es una mentira en las manos
de quien cree que las cosas pasan dos veces,
pero es que siempre he sido más de explotarlo.
He vuelto solo cuando sabía que el incendio era iceberg
y que justamente necesitaba el frío para calmar
unas sienes quemadas por el roce del paso del tiempo.
Pero nunca me pidas regresar si dejas cenizas en la chimenea.
Unos palos que ya ardieron una vez, no prenden con la misma fuerza.
Y posiblemente acaben pensando más en ser la nieve,
que en resguardarse juntos del frío.
Por eso siempre ando relamiéndome los dedos
de amor cuando acabo una historia,
no vaya a ser que quiera repetir
y se apoderen de mi esas funestas sombras
que no paran de repetirme lo mal que lo hice entonces.
Vivo rodeada de las flechas de un Cupido
que me tatúan 'culpable' cada vez que me clavan su punta.
Y respondo entre bostezos a las inverosímiles acusaciones
de quienes buscan excusas para salvar su pasado.
Aquí todos los que dicen amar su presente
son los mismos que lavan con el agua de Pilato lo que fueron.
Y a mí esa agua me produce arcadas.
Tengo claro que correr para limpiar los manchones
de quien fui es un sinónimo de huir de quien ahora soy.
Y yo siempre he preferido mirar el cielo estrellado
a sentir el vuelo precipitado.
Siempre he preferido querer a oscuras
para acostumbrarme a que en los ataúdes, ya no se puede querer.
domingo, 4 de noviembre de 2018
viernes, 19 de octubre de 2018
Mazos
A todas las que luchan, lucharon y lucharán, y especial a la que para mí es más fuerte.
Sé que es difícil mirar el mundo de color rosa cuando te arrancan un ojo
y es por eso que me parece irónico que sea de la cera de la que pintan tu día.
Como si hubiese símbolos suficientes para estar a tu altura.
Y es que es justamente eso lo que me chivan tus luceros
cada vez que recuerdan el día que te podaron tu flor.
No por podarla a ella, sino por quitarte a ti sus pétalos.
Porque ahora crees que has dejado de ser jardín
pensando que te arrancaron una de tus rosas.
Y no eres consciente, de que simplemente, a ti;
que eres rosal, te han podado las espinas.
Recuerdo tu miedo a un que muriese
el suelo que te llena, a ti mi vida, de frutos.
Sé que no has parado de sentirte débil por la ausencia de tu sello.
Y he de decirte, que simplemente vivificaron en ti las amazonas
y te arrancaron un seno para pudieses sostener mejor tu arco, luchadora.
Ese arco que no has parado de usar desde que te dijeron que podías marcharte.
Y lo que te hace más valiente, es que aún sabiendo que podías irte
guerreabas para no dejar ver a los demás que quizás partirías.
Por eso que no puedo comprender que esos ojos hijos de Marte
me lleven el diluvio por dentro cada vez
que ven esa grieta oblicua que hay en sus costillas.
Cada vez que se quieren menos porque piensas que perdieron más.
Y es que no os dais cuenta que ninguna habéis perdido.
Os hayáis quedado o nos hayáis enseñado,
todas habéis cruzado la puerta grande.
Quiero que hoy sonrías tanto como curvada esté tu cicatriz,
quiero que hoy te quieras tanto como has luchado,
quiero que hoy seas feliz por ti, quiero que pienses que aunque no hayas llegado,
aunque te sientas frustrada,hastiada,al punto de la expiración,
que aunque sientas que estás derrotada,
que aunque sientas que no serás más mujer si no tienes tus perlas;
quiero que te quites esa venda rosa de los ojos
y la ates en los puños y aporrees fuerte el hormigón
que te propuso la vida, quiero que sepas que eres más mujer
por no haberte abandonado y no parar de batallar aunque quieras irte
porque quedarte sabes que es lo que hará feliz al resto,
porque esa es nuestra esencia;
y quiero que sepas que en realidad,
pase lo que pase,
ya has ganado.
Has ganado porque quien sigue luchando,
nunca puede ser vencida.
Sé que es difícil mirar el mundo de color rosa cuando te arrancan un ojo
y es por eso que me parece irónico que sea de la cera de la que pintan tu día.
Como si hubiese símbolos suficientes para estar a tu altura.
Y es que es justamente eso lo que me chivan tus luceros
cada vez que recuerdan el día que te podaron tu flor.
No por podarla a ella, sino por quitarte a ti sus pétalos.
Porque ahora crees que has dejado de ser jardín
pensando que te arrancaron una de tus rosas.
Y no eres consciente, de que simplemente, a ti;
que eres rosal, te han podado las espinas.
Recuerdo tu miedo a un que muriese
el suelo que te llena, a ti mi vida, de frutos.
Sé que no has parado de sentirte débil por la ausencia de tu sello.
Y he de decirte, que simplemente vivificaron en ti las amazonas
y te arrancaron un seno para pudieses sostener mejor tu arco, luchadora.
Ese arco que no has parado de usar desde que te dijeron que podías marcharte.
Y lo que te hace más valiente, es que aún sabiendo que podías irte
guerreabas para no dejar ver a los demás que quizás partirías.
Por eso que no puedo comprender que esos ojos hijos de Marte
me lleven el diluvio por dentro cada vez
que ven esa grieta oblicua que hay en sus costillas.
Cada vez que se quieren menos porque piensas que perdieron más.
Y es que no os dais cuenta que ninguna habéis perdido.
Os hayáis quedado o nos hayáis enseñado,
todas habéis cruzado la puerta grande.
Quiero que hoy sonrías tanto como curvada esté tu cicatriz,
quiero que hoy te quieras tanto como has luchado,
quiero que hoy seas feliz por ti, quiero que pienses que aunque no hayas llegado,
aunque te sientas frustrada,hastiada,al punto de la expiración,
que aunque sientas que estás derrotada,
que aunque sientas que no serás más mujer si no tienes tus perlas;
quiero que te quites esa venda rosa de los ojos
y la ates en los puños y aporrees fuerte el hormigón
que te propuso la vida, quiero que sepas que eres más mujer
por no haberte abandonado y no parar de batallar aunque quieras irte
porque quedarte sabes que es lo que hará feliz al resto,
porque esa es nuestra esencia;
y quiero que sepas que en realidad,
pase lo que pase,
ya has ganado.
Has ganado porque quien sigue luchando,
nunca puede ser vencida.
domingo, 14 de octubre de 2018
Ego-suspicio
Si echas una botella al mar gritando que le quieres,
el mensaje algún día acabará llegando a otra orilla.
Y no harán otra cosa que no sea glorificar esa declaración de amor,
en vez de pensar que lo que realmente pide es que le auxilien del naufragio.
Vivo rodeada de esos inánimes que buscan alguien que les quiera,
en vez de encontrar a quienes puedan querer.
Envuelta en ese ambiente de frívolos amasijos de huesos,
que están tan huecos que buscan desesperadamente a quien les sirva de relleno.
No les importa si encaja. Simplemente necesitan saciar su soledad.
Esas calaveras, de aquellos que huyen de los fantasmas del espejo,
aquellos que necesitan que les quieran por lo que aparentan,
esos mismos que se lamentan cada vez que cambian a una muda que no son;
aunque les esconda,
esos que no saben aún que las cosas pasan por lo que aparentan y no por lo que son.
Esas pobres convertidas en serpientes,
arrastrándose hostilmente hacia el veneno de la aprobación, hacia el sí de la mayoría,
hacia la oscuridad que supone hacer de ti un maniquí,
sumarte al inmenso escaparate que forman las masas.
Y podrían ser despreciados,
pero no me causan más que aflicción los que teniendo a quien querer
no son capaces de erizarles la piel a versos,
que no son capaces de gritarle al mar amor de noche porque no va a devolverles el reflejo.
Y es que, quién te ha querido tan mal como para que ya no te quieras.
Quién te ha querido tan mal como para que te hayas convertido en calavera.
A quién has elegido tan mal como para que no pares de pensar que no eras tú la correcta.
Como para pensar que la otra orilla ha recogido la botella porque sabe amar mejor que tú,
sin caer en la cuenta que cuando envías un mensaje de emergencias,
cualquiera que se acerque es considerado salvavidas.
Cuántas veces te han hecho creer que vale más tu cara que tu alma
como para no buscar otra cosa que no sea alguien que te la bese en lugar de encenderte.
Lo difícil es cuando piensas que solo mandas todo lo que quieres a la deriva
porque no arreglas lo que te hicieron creer que rompías.
La sensación de saber que siempre te quedarán palabras
por mucho que pasen los años no hace más que
derruirte cada vez que miras el correteo de las agujas.
Nunca se puede reconstruir lo que se encuentra en ruinas.
Por eso sabes que es con quien se queda a vivir contigo,
aún sabiendo que no eres apta para reformas,
y con quien te hace quererte,
aún sabiendo que amas las cosas por lo que son, y no por lo que aparentan.
el mensaje algún día acabará llegando a otra orilla.
Y no harán otra cosa que no sea glorificar esa declaración de amor,
en vez de pensar que lo que realmente pide es que le auxilien del naufragio.
Vivo rodeada de esos inánimes que buscan alguien que les quiera,
en vez de encontrar a quienes puedan querer.
Envuelta en ese ambiente de frívolos amasijos de huesos,
que están tan huecos que buscan desesperadamente a quien les sirva de relleno.
No les importa si encaja. Simplemente necesitan saciar su soledad.
Esas calaveras, de aquellos que huyen de los fantasmas del espejo,
aquellos que necesitan que les quieran por lo que aparentan,
esos mismos que se lamentan cada vez que cambian a una muda que no son;
aunque les esconda,
esos que no saben aún que las cosas pasan por lo que aparentan y no por lo que son.
Esas pobres convertidas en serpientes,
arrastrándose hostilmente hacia el veneno de la aprobación, hacia el sí de la mayoría,
hacia la oscuridad que supone hacer de ti un maniquí,
sumarte al inmenso escaparate que forman las masas.
Y podrían ser despreciados,
pero no me causan más que aflicción los que teniendo a quien querer
no son capaces de erizarles la piel a versos,
que no son capaces de gritarle al mar amor de noche porque no va a devolverles el reflejo.
Y es que, quién te ha querido tan mal como para que ya no te quieras.
Quién te ha querido tan mal como para que te hayas convertido en calavera.
A quién has elegido tan mal como para que no pares de pensar que no eras tú la correcta.
Como para pensar que la otra orilla ha recogido la botella porque sabe amar mejor que tú,
sin caer en la cuenta que cuando envías un mensaje de emergencias,
cualquiera que se acerque es considerado salvavidas.
Cuántas veces te han hecho creer que vale más tu cara que tu alma
como para no buscar otra cosa que no sea alguien que te la bese en lugar de encenderte.
Lo difícil es cuando piensas que solo mandas todo lo que quieres a la deriva
porque no arreglas lo que te hicieron creer que rompías.
La sensación de saber que siempre te quedarán palabras
por mucho que pasen los años no hace más que
derruirte cada vez que miras el correteo de las agujas.
Nunca se puede reconstruir lo que se encuentra en ruinas.
Por eso sabes que es con quien se queda a vivir contigo,
aún sabiendo que no eres apta para reformas,
y con quien te hace quererte,
aún sabiendo que amas las cosas por lo que son, y no por lo que aparentan.
domingo, 7 de octubre de 2018
Cobijo
He aprendido que sabes dónde está tu hogar
cuando no paras de desear salir a conocer mundo,
y cuando te lo has comido entero
no pides otra cosa que no sea que te arropen esas sábanas.
E igual resulta irónico que lo verseé yo;
que siempre he sido nómada
y he hablado de besos fugaces
y de ser la estrella de las despedidas,
pero y si ahora, optase por quedarme.
Quizá jamás he asentado mi territorio
porque sabía que tenía tan poco amor para dar,
que no iba a querer nunca bien;
quizá por eso nadie me entiende cuando abrazo,
quizá por eso tienden a decir que doy demasiado poco,
sin pararse a pensar que es lo único que tengo para ofertar.
Lo siento si alguna vez se fueron porque creían que no vomitaba amor por ellos,
lo siento por mí,digo; por haber elegido tan mal
como para que no se hayan enterado de lo que chivan mis ojos.
Solo son espejos, no pienses que chispean si lo que tengo delante no brilla.
Siempre he mudado mi piel para borrar el pasado
y por eso que soy una nueva cada vez
que llega alguien dispuesto a aprenderse mis lunares.
Por eso nadie entiende mis gusanos y mis mareas constantes,
por eso soy cebolla que acaba huyendo
de quién sabe que puede descubrir dónde están mis cicatrices,
no vaya a ser que las arregle
y cuando se vaya decidan ponerse todas a sangrar de nuevo de golpe.
A ver si la hemorragia va a dejarme las vísceras vacías
y voy a tener que gritarte el poco corazón que tengo para que las tapes,
sin caer en la cuenta que con eso solo consigo dejar de quererme.
Pero si ahora opto por primera vez por quedarme
es porque sé que puedo caminar sola,
es porque sé que necesito encontrarme
entre los trozos que alejé de mí,
es porque sé que corro deprisa
porque busco una estación que me lleve a nuevos trenes.
Pero precisamente por esto quiero quedarme.
Porque de repente llega quien te mira
y te hace sentir que el tren eres tú,
y que lo que estás corriendo demasiado rápido es la vida
que te cierras a montar a nuevos pasajeros porque crees que no conduces bien,
tú,
que llevas todo el trayecto superando obstáculos,
tú,
que solo pasas una vez por el mismo camino
porque no te permites volver,
porque siempre te has necesitado a ti más que al resto.
Y cómo no voy a quedarme contigo,
si estoy recorriendo el mundo
y no hago otra cosa que no sea mirar por la ventanilla deseando,
volver a casa.
cuando no paras de desear salir a conocer mundo,
y cuando te lo has comido entero
no pides otra cosa que no sea que te arropen esas sábanas.
E igual resulta irónico que lo verseé yo;
que siempre he sido nómada
y he hablado de besos fugaces
y de ser la estrella de las despedidas,
pero y si ahora, optase por quedarme.
Quizá jamás he asentado mi territorio
porque sabía que tenía tan poco amor para dar,
que no iba a querer nunca bien;
quizá por eso nadie me entiende cuando abrazo,
quizá por eso tienden a decir que doy demasiado poco,
sin pararse a pensar que es lo único que tengo para ofertar.
Lo siento si alguna vez se fueron porque creían que no vomitaba amor por ellos,
lo siento por mí,digo; por haber elegido tan mal
como para que no se hayan enterado de lo que chivan mis ojos.
Solo son espejos, no pienses que chispean si lo que tengo delante no brilla.
Siempre he mudado mi piel para borrar el pasado
y por eso que soy una nueva cada vez
que llega alguien dispuesto a aprenderse mis lunares.
Por eso nadie entiende mis gusanos y mis mareas constantes,
por eso soy cebolla que acaba huyendo
de quién sabe que puede descubrir dónde están mis cicatrices,
no vaya a ser que las arregle
y cuando se vaya decidan ponerse todas a sangrar de nuevo de golpe.
A ver si la hemorragia va a dejarme las vísceras vacías
y voy a tener que gritarte el poco corazón que tengo para que las tapes,
sin caer en la cuenta que con eso solo consigo dejar de quererme.
Pero si ahora opto por primera vez por quedarme
es porque sé que puedo caminar sola,
es porque sé que necesito encontrarme
entre los trozos que alejé de mí,
es porque sé que corro deprisa
porque busco una estación que me lleve a nuevos trenes.
Pero precisamente por esto quiero quedarme.
Porque de repente llega quien te mira
y te hace sentir que el tren eres tú,
y que lo que estás corriendo demasiado rápido es la vida
que te cierras a montar a nuevos pasajeros porque crees que no conduces bien,
tú,
que llevas todo el trayecto superando obstáculos,
tú,
que solo pasas una vez por el mismo camino
porque no te permites volver,
porque siempre te has necesitado a ti más que al resto.
Y cómo no voy a quedarme contigo,
si estoy recorriendo el mundo
y no hago otra cosa que no sea mirar por la ventanilla deseando,
volver a casa.
domingo, 30 de septiembre de 2018
Lanzamiento
Quien osó resguardarse de la tormenta en una cueva,
más que alegrarse cuando le llega un hilo de luz,
acaba quedándose ciego.
Y prefiere volver a las tinieblas
no vaya a ser que los claros acaben siendo más rayos
que sol.
Quienes han huído siempre que se rompía la crisálida
son los mismos que tienen miedo al nacimiento del amor.
O quizá son simplemente aquellos que tienen el alma tan marchita
que la vitalidad que les visita para hacerles salir de la tumba
sólo consigue recordarles por qué fallecieron.
Y es que a quienes llevan toda la vida caminando
sobre una cuerda floja no puedes explicarles tu miedo a las alturas.
Pero no les pidas que salten al vacío.
Lo que sería volar les parece un suicidio.
Quienes reciben de unas manos más palos que caricias
no pueden creer que es bella la poesía si mana de unas palmas.
Quienes crecieron conviviendo con sus propios fantasmas
olvidaron a quienes se los crearon;
y quizá sean probablemente esos los que confiarían en el pasado
con tal de que el futuro no les traiga odios nuevos.
No saben disfrutar aquellos que se pasan el día corriendo
para cruzar la esquina del mañana.
No puedes preguntarle por la magia de las constelaciones
a los que se pasan la vida aullándole a la Luna.
Los que solo desean que acabe la noche
son A los mismos que sus propias cuencas ennegrecidas
les piden apagar el día.
Quienes suplican ver un poco de luz
para alegrarse la vida en la cueva y saber así que,
por fin,
esa tormenta contra la que llevaban tanto luchando,
se ha ido por un tiempo,
son los mismos que buscan una nube
más grande que les aleje del arcoiris.
No vaya a ser que conozcan a alguien todos
los de la huída, el fin, el vértigo;
todos los dementes, los indolentes,
los que saben que son su peor enemigo;
no vaya a ser que el destino quiera darles un camino de flores
y salgan corriendo al acordarse del que les clavó espinas.
Sin saber, que tenéis delante la inquietud para respirar lo que siempre has querido.
Un aroma que te diga que se acabó el naufragio,
el que no paras de rechazar cada vez que revisas tus heridas.
Porque lo único que no tienen controlado los cobardes,
es que si estamos hablando de caminos de flores;
estoy segura que el que les hizo dejar de creer
que ellos mismos eran la primavera,
ese;
no las tenía.
más que alegrarse cuando le llega un hilo de luz,
acaba quedándose ciego.
Y prefiere volver a las tinieblas
no vaya a ser que los claros acaben siendo más rayos
que sol.
Quienes han huído siempre que se rompía la crisálida
son los mismos que tienen miedo al nacimiento del amor.
O quizá son simplemente aquellos que tienen el alma tan marchita
que la vitalidad que les visita para hacerles salir de la tumba
sólo consigue recordarles por qué fallecieron.
Y es que a quienes llevan toda la vida caminando
sobre una cuerda floja no puedes explicarles tu miedo a las alturas.
Pero no les pidas que salten al vacío.
Lo que sería volar les parece un suicidio.
Quienes reciben de unas manos más palos que caricias
no pueden creer que es bella la poesía si mana de unas palmas.
Quienes crecieron conviviendo con sus propios fantasmas
olvidaron a quienes se los crearon;
y quizá sean probablemente esos los que confiarían en el pasado
con tal de que el futuro no les traiga odios nuevos.
No saben disfrutar aquellos que se pasan el día corriendo
para cruzar la esquina del mañana.
No puedes preguntarle por la magia de las constelaciones
a los que se pasan la vida aullándole a la Luna.
Los que solo desean que acabe la noche
son A los mismos que sus propias cuencas ennegrecidas
les piden apagar el día.
Quienes suplican ver un poco de luz
para alegrarse la vida en la cueva y saber así que,
por fin,
esa tormenta contra la que llevaban tanto luchando,
se ha ido por un tiempo,
son los mismos que buscan una nube
más grande que les aleje del arcoiris.
No vaya a ser que conozcan a alguien todos
los de la huída, el fin, el vértigo;
todos los dementes, los indolentes,
los que saben que son su peor enemigo;
no vaya a ser que el destino quiera darles un camino de flores
y salgan corriendo al acordarse del que les clavó espinas.
Sin saber, que tenéis delante la inquietud para respirar lo que siempre has querido.
Un aroma que te diga que se acabó el naufragio,
el que no paras de rechazar cada vez que revisas tus heridas.
Porque lo único que no tienen controlado los cobardes,
es que si estamos hablando de caminos de flores;
estoy segura que el que les hizo dejar de creer
que ellos mismos eran la primavera,
ese;
no las tenía.
domingo, 16 de septiembre de 2018
A quien fui
Desde que se emborronó mi vida
por andar ahogada en la tinta
con la que escribía he dejado de creer en la suerte.
No paran de visitarme esas canoras aves del pasado
que me dibujan sueños con alusiones a lo que fui,
intentando convencerme de que el momento que me cantan
a pesar de estar atrás, siempre fue el mejor.
Y me incitan a volver a mi punto de origen.
Y quizás ande perdida porque estoy buscando
el camino de vuelta a un punto que ha desaparecido en el mapa.
Que se limita a un puñado de arena que quedó de la erosión del amor.
A veces sigo oyendo cuando me gritan que me echan de menos.
Y es curioso porque yo también lo hago.
Intento buscarme siguiendo las pistas de lo que solía querer.
Pero es que solo me responden que nunca lo hice.
Vuelvo a mis versos para ver a quién escribía.
Pero es que ahora solo encuentro por quién lo hago.
Es sorprendente la capacidad que tienen mis hombros
para sostener todo lo que callo,
la paciencia que guardan mis palmas
cada vez que destruyo lo que han diseñado.
Y vanaglorio mis plantas que persiguen sin cansancio
la mínima esencia que me haga recordarme.
Y es por esto por lo que rompo en mares.
La tempestad viene después de asumir
que no siempre he traído conmigo el paraíso
y que he llevado mi infierno a quien solo quería arder conmigo.
He de decir que lo siento.
Siempre huyo cuando siento las llamas.
Una vez que te quemas no permites
que cualquiera te haga sentir las chispas.
A pesar de todo, tengo la frívola mirada de
quien no le aflige el saber que ha hecho las cosas mal,
y que probablemente se sigue equivocando
al no intentar buscar la manera de apaciguar su alma,
esa que recorre errante mis fantasmas,
esa que me echa de menos para que consigo le traiga la bandera blanca.
Pero siempre he sido de poner mi vida patas arriba
cuando empieza a llegarme la paz
y de recibir balas antes que dispararlas.
Y es justo por eso que no puedo pretender
que mi camino vuelva a ser el de antes.
No porque se dañe mi orgullo si volviese.
estos ojos han llorado demasiado
como para creer que existe el miedo;
sino porque no puedo retroceder ahora.
No ahora que ya no soy la misma.
domingo, 9 de septiembre de 2018
Septiembre
(Al temor a los comienzos y en especial a nosotras; a ti. Suerte amiga.)
Gritar en mitad de un abismo
solo consigue que escuches a fondo tu eco.
Que las mismas rocas que te hicieron caerte
sean las que te repitan tu agónica melodía,
escuece más que sana.
Pero supongo que usamos la soledad
como comodín con el que excusarnos.
Mirar al cielo buscando el escalón desde el que te desprendiste
nunca va a dejarte ver las estrellas.
Qué importan los luceros cuando te crees lúgubre.
Saber que el mundo está brillando
solo consigue recordarte porqué estás apagada.
Es demasiado tarde ya para repetirte eso
de que cuando acaricias una flor
y después optas por relamerte el dedo,
lo más probable es que acabes envenenado.
Pero si no hubieses absorbido su néctar por miedo a morir,
nunca habrías descubierto a qué sabe la felicidad.
Aunque hace un tiempo ya que te parece insípida,
que solo hueles humedades que te trasmiten tus propias canicas,
que no paras de correr porque te has negado a despedirte.
Porque te has negado asimilar que existen nuevos pasajeros
que debes montar para dirigirte al mismo destino de siempre.
Porque los únicos que te abrazan son tus propios fantasmas.
Porque estos días te obligan a decir adiós a todo,
te obligan a que digas adiós,
a ti;
que siempre has sido de llevarte la vida por delante
y accidentarte en la curva de tu risa cuando te das cuenta
que en este momento vives en lo que fue el futuro.
Ahora solo naufragas, sientes la cabeza confusa al vivir en un pozo.
Y yo solo quiero pedirte que pienses
que desde arriba no paran de arrojarte monedas manchadas de carmín y deseos.
Y si es al hoyo al que piden ayuda,
imagínate como debe pasear la vida.
Te necesitan.
No aceleres la huída.
No temas el cambio,la vuelta a empezar,
las nuevas rutinas, el olvido.
Deja de echarte de menos,
no digas adiós tú, que siempre has odiado las despedidas.
Pero vete.
Aléjate de todo,
no caigas en el vértigo que supone vivir en un punto muerto,
vuelve adonde siempre has querido para empezar de cero,
quítate esa soga del cuello y empieza a escalar.
Hasta que roces la cima.
Pero no te despidas.
Eso solo te obliga a que el día que regreses
tengas que comerte un bloque de hormigón
al intentar entrar en una puerta que un día cerraste,
en vez de llegar arrasando con tus labios.
Y es que te recuerdo que tus pasos
te acaban devolviendo adonde una vez les enseñaron a bailar.
Y que a ti nunca te ha gustado bailar sola.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





